Sobre sistemas de creencias y contextos de realidad

El actual estado de entendimiento de la humanidad podría compararse con aquella historia india de los doce ciegos, en la que cada uno percibe a través del tacto una parte de un elefante, e intenta describir al animal por medio de su particular pero limitado punto de vista; como es de esperar, al principio existen discrepancias sobre la verdadera naturaleza del elefante en función de las observaciones y creencias divergentes, pero que culminan al progresar el intercambio de información y contemplar el cuadro completo; en alguna de sus visiones, nuestro respetado H. P. Lovecraft profetizó que el vislumbre del paquidermo podría acarrearnos cierta disonancia cognitiva, en sus nerviosas palabras:

Las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas.

Parte de nuestra labor consiste en detallar estas terribles panorámicas de la realidad, junto a sus actores principales, aquellos que profitan la esclavitud humana a perpetuidad a través de las veladas estratagemas del tráfico energético, pero no deberíamos desconsiderar el problema del sistema de creencias que establece el lúgubre escenario de fondo el cual evita contrastar las tenebrosas manos de los titiriteros invisibles.

El contexto de realidad es construido a partir de grandes hebras interrelacionadas de información, opiniones y suposiciones que en conjunto hilvanan el tejido contra el cual toda nueva información será evaluada y eventualmente internalizada. Estos sistemas de creencias que residen en los callados y ensombrecidos pero basamentales rincones del pensamiento, son los silenciosos encargados de exonerar sin tolerancia aquellos hechos o sucesos que no «caben» dentro del contexto de realidad que entendemos como cierto: si la posibilidad de existencia de seres sutiles, ultraterrestres o aliens no se encuentra en el sistema de creencias, cualquier información, relato o hecho relacionado sobre el tema será automáticamente descartado; no por nada, el filósofo rosacruz John Baines denomina a la humanidad dormida, como el simbionte informáticoNeal Owen Kruse, en el capítulo introductorio del segundo volumen de The Universal Seduction comenta:

Cuando le cuento a la gente algo en lo que no puede o no quiere creer, y más tarde pasa por la experiencia que lo convencen de la realidad del hecho, en muchas ocasiones al relatármelo, lo hacen de tal forma como si necesitasen convencerme de lo ocurrido. Olvidan que se lo había contado en un principio. 

Esto me indica que a la gente, cuando le relatan un hecho que no cuadra con su contexto de realidad, le entra por un oído y le sale por el otro: ni siquiera lo registran, debido a que se encuentra fuera del rango de su percepción mental.

Quizá recuerden aquella historia de los Colonizadores cuando se sorprendieron que los Nativos no pudieran ver sus naves amarradas en la costa… no las podían ver dado que su contexto de realidad no tenía lugar para almacenar la experiencia visual de una cuba de maderos con mástiles y velas flotando en el medio del océano.

Para aquellos que requieran de algún argumento con cierta rigurosidad matemática podrán considerar la multiplicación de matrices y vectores: ¿qué ocurriría si proponemos un vector (un hecho) con mayor dimensión que el rango matricial (el sistema de creencias)? Acaso si tal operación fuese posible, ¿no se perdería el diferencial de componentes adicionales que poseía el vector? Resumiendo: dado que se cree que el sistema de creencias está basado en una valoración objetiva de la realidad, existirá una fuerte reticencia a ampliarlo e incluir un hecho marginal.

Y esto nos lleva al primer axioma de los sistemas de creencias: nuestros prejuicios en general nos limitan o dan forma a nuestras percepciones. Equivocadamente creemos que es al revés, pero esto involucra desconsiderar el poder que tienen los prejuicios a la hora de manipular la experiencia sensorial. Efectivamente, ignoramos lo frágil que es la edificación de nuestro contexto de realidad. ¿Pero no es por medio de los hechos que fraguamos nuestro sistema de creencias? En parte así es, pero el condicionamiento social, familiar y religioso hace otro tanto; la fe es una componente que claramente impide el raciocinio crítico y analítico: un evidente escollo a la objetividad; pero el pastor astuto es sumamente sagaz y ha aunado nuestras emociones, en especial aquellas que se entrelazan durante la infancia, con la religión. ¿Acaso nos costaría tanto desprendernos de la programación religiosa si no sintiésemos la resonancia límbica de desentronizar a nuestros padresFelipe Prezioso en su defensa sobre el pensamiento Egónico comenta sobre la fe:

El tener fe en algo o en alguien es un acto de comodidad; pues es simplemente tomar algo que se nos ofrece ya previamente elaborado para adoptarlo sin cuestionamientos. Es entregar la capacidad de ser constructores de nuestra verdad para convertirnos en simples consumidores de ideas digeridas por otros. Adoptar la condición de feligrés es renunciar a conocer el mismo objeto en el que depositamos nuestra fe.

Y aquí nos topamos con el segundo axioma: los sistemas de creencias son en general más poderosos que las pruebas y los hechos. Ciertamente el contexto de realidad, una vez establecido, tiene vida por sí mismo y reúne suficiente poder como para ignorar o tergiversar hechos: una maquinaría infernal que actúa a toda hora como juez y jurado: y lo que termina ocurriendo es que decidimos, basados en nuestro sistema de creencias, cuáles hechos serán considerados efectivamente como hechos. Kruse continúa:

Una vez construida la fundación del sistema de creencias que soporta y justifica las preciadas nociones de nuestro ego, comenzamos a amontonar ideas y juicios de valor, por ejemplo: efectuamos pronunciamientos sosteniendo que estamos en lo correcto, y que los demás están totalmente equivocados. Incluso podríamos escribir libros o realizar disertaciones sobre lo que entendemos como efectivamente cierto.

Si repetidamente declaramos en público y de forma categórica que la existencia de aliens es total y absolutamente un tema rídiculo, admitir más tarde que no estábamos en lo cierto puede traernos serios inconvenientes a nuestra credibilidad (sin mencionar a nuestros egos). […]

Pero como suponemos que somos completamente objetivos, cuando alguien viene y nos comenta que la realidad es bastante diferente a lo que pensamos, no hay posibilidad alguna de considerarlo.

Los que detentan el poder entienden que una forma efectiva de control es a través de los sistemas de creencias. Comprenden que si logran el condicionamiento social necesario para bloquear el acceso a la objetividad, no deberán preocuparse si una o dos ovejas descarriadas intentan exponer frente al rebaño los hechos y documentos sobre la existencia de varios mataderos… efectivamente, los hechos no cambiarán su manera de pensar, y continuarán estabuladas en un sistema de creencias consensuado; y esto nos hace reflexionar en el tercer axioma: estamos inclinados a creer lo que consensuadamente se cree, sea cierto o no. En este sentido, podríamos recordar el Experimento de Solomon Asch, diseñado para probar cómo la presión ejercida por los demás, influye en el juicio e individualidad de un sujeto de prueba:

Para el experimento, ocho sujetos fueron sentados alrededor de una mesa, con los asientos organizados según un plan construido cuidadosamente para evitar cualquier sospecha.

Sólo uno de los participantes era en realidad el blanco del experimento, el resto eran cómplices de los experimentadores, instruidos para dar ciertas respuestas preseleccionadas. Dada esta meticulosa construcción del experimento y su estrategia, una cantidad variable de presión del grupo iba siendo ejercida sobre el único verdadero sujeto experimental.

El experimento era simple en esencia: cada participante, siguiendo un turno asignado, era invitado a responder una serie de preguntas simples por ejemplo: qué línea de una cierta figura era más larga, o cuál de todas las líneas presentadas concordaba con la línea de referencia, etc. En un principio, los participantes dieron una variedad de respuestas correctas para no despertar sospechas, pero adicionando progresivamente algunas respuestas incorrectas. Esto fue pensado para determinar cómo las respuestas del sujeto iban cambiando con la influencia de la presión del grupo.

Los resultados del experimento de Asch fueron interesantes mostrando que la presión social puede tener una influencia medible sobre las respuestas dadas. No había duda, sin embargo, de que la presión de los compañeros puede causar la conformidad en un individuo inmerso en este tipo de situaciones.

Al analizar estos resultados, se debatió si esto podría ser consecuencia de que la gente no cree en la evidencia vista por sus propios ojos o si era sólo un caso de conformidad, el hecho de que la gente escondiera sus verdaderas opiniones.

La individualidad e interdependencia son veneno para el nefasto plan del nuevo rebaño mundial, pero es cierto que imbrica demoler un poderoso tope psicológico: pensar de manera crítica puede aislarnos del resto de las ciegas ovejas, dado que nuestro modelo de sociedad etiqueta implacablemente lo que está considerado como políticamente correcto. Entonces, ¿se estará dispuesto a la soledad, si eso es lo que se requiere para conocer la Verdad?

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