Índice de Libros Prohibidos por la Iglesia Católica


La persecución intelectual, quema de libros y destrucción de toda información que pueda desestabilizar a un régimen es una metodología antigua, generalmente promovida por autoridades políticas o religiosas, y vinculada al fanatismo ideológico. Por lo general es una práctica pública motivada por objeciones morales, y es tan antigua como la historia misma. Pero el caso de la Iglesia Católica nos llega con un ímpetu remarcado, tanto por ser una de las instituciones actuales más longevas de la historia occidental conocida, como también por su relación casi indivisible con nuestra cultura y educación.

¿Qué fue el Index Librorum Prohibitorum?

El Índice de Libros Prohibidos, o Index Librorum Prohibitorum, fue una lista creada por la Iglesia Católica en donde se recopiló todas aquellas obras literarias que se catalogaban como “libros perniciosos para la fe” y que los católicos no estaban autorizados a leer. Fue promulgado por primera vez en el año 1564 y su última edición se extendió hasta el año 1966 cuando el papa Pablo VI lo suprimió. Pero sus origines se remontan a trece años antes, con el Índice de libros prohibidos de la Inquisición española, o Index Librorum Prohibitorum et Derogatorum (nombre oficial desde el año 1612), que fue la denominación que recibió el conjunto de libros cuya difusión y lectura estaba prohibida en los territorios de la Monarquía Hispánica, también conocida como Monarquía Católica, cuya primera edición data del año 1551.

¿Cuál fue la función del Índice?

En pocas palabras, se puede decir que su función era la censura, prohibición y destrucción de todo libro o artículo literario que no fuera del agrado de la Iglesia Católica, o que pusiera en duda sus dogmas. Si bien al día de hoy podemos hallar con relativa facilidad el listado de gran parte de aquellas obras escritas que fueron repudiadas por el catolicismo, y de muchas de ellas es posible hallar alguna copia actual, no se puede dar certeza de que esos hayan sido todos los libros sobre los que la iglesia puso sus manos, ya que muchos documentos donec expurgetur (prohibida absolutamente su lectura y difusión) no necesariamente debían estar en el Índice para ser suprimidos, sino que los obispos tenían la potestad de aplicar la censura por su propia cuenta, por lo que es imposible saber realmente cuántos libros se han perdido en las hogueras de la inquisición; como veremos más adelante.

Orígen del Índice.

Fue tras el Concilio de Letrán V, en el año 1512, donde se estableció la obligación de que toda obra impresa sea autorizada por la Iglesia. Dando inicio a lo que se conocería como censura previa, establecida en el 1515 por el papa León X para toda la cristiandad latina. Tal censura se aplicó con especial atención tras la ruptura del cristianismo occidental con la aparición de la Reforma Protestante, que recibió un fuerte apoyo por parte de la imprenta al publicar las obras de Martin Lutero.

Es en el contexto de esta crisis, tanto religiosa como política, que las instituciones católicas fieles a la ortodoxia romana y papal confeccionaron los “índices” (libros prohibidos por considerárseles heréticos). El primer “índice” es publicado en el 1529 por el rey de Inglaterra Enrique VIII antes de su ruptura con Roma.

Estos “índices” fueron adoptados por la Inquisición española en el 1551 (con sus propias ediciones y agregados) dando nacimiento al primer Índice de libros prohibidos de la Inquisición española; convergiendo finalmente en la promulga del Index Librorum Prohibitorum de la Inquisición romana en el año 1564 por el papa Pío IV, que abarcaba todo el ámbito de la cristiandad católica.

El rol de la Inquisición Española.

Fundada en el 1478 por los Reyes Católicos, inspirados en la Inquisición medieval del 1184 al sur de Francia. Está institución tenía por objetivo mantener la ortodoxia católica en sus reinos. Aunque como tribunal eclesiástico sólo tenía competencia sobre cristianos bautizados, en la práctica su jurisdicción se extendía sobre la totalidad de los súbditos del rey de España, ya que no existía la libertad de culto ni en España ni en sus territorios dependientes.
En el periodo de su existencia (356 años, hasta el 15 de junio de 1834) la Inquisición española volcó su atención en distintos blancos, pudiendo dividirse en cinco periodos, según el historiador británico Henry Kamen. En el primer periodo (1480 a 1530) centró principalmente su atención en la intensa persecución de los judeoconversos (judíos convertidos al cristianismo –muchas veces por la fuerza– tras las terribles matanzas del 1391 provocadas por el levantamiento popular dirigido contra los judíos); el historiador estima, basado en la documentación de los “autos de fe”, que se ejecutaron en este lapso de tiempo cerca de 2000 personas, aunque distintas fuentes discrepan en cuanto a un número concreto; la posesión de libros religiosos (fuera de la Biblia católica, por supuesto) era un crimen gravísimo. En el segundo (principios del siglo XVI) hubo relativa tranquilidad. En el tercer período (1560 a 1614) la actividad se vuelve a intensificar, esta vez centrando la atención del Santo Oficio en los protestantes y los moriscos o moros (musulmanes del Al-Ándalus –territorios de la península Ibérica–). En el cuarto período (resto del siglo XVII) la atención se centra en juzgar a los denominados cristianos viejos o cristianos puros (se suponían cristianos sin mezcla conocida de moro, judío o pagano). Y el quinto y último período (siglo XVIII), la herejía deja de ser el centro de atención del tribunal porque ya no constituye problema alguno.
Su objetivo principal, según historiadores como el ya mencionado Henry Kamen, era el de mantener fuera de España los libros que no habían ingresado aún. Prueba de ello es que el Índice del año 1559 contenía 700 libros prohibidos, de los cuales aproximadamente 500 estaban escritos en latín. Respecto a los libros escritos en castellano el Índice no se limitaba a los libros de contenido herético, sino que también fueron censurados y prohibidos muchos documentos de carácter piadoso y otros tantos escritos por miembros eclesiásticos, como los 14 libros de Erasmus Róterdam y los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús, cuyos miembros son conocidos como Jesuitas). La proscripción de estas obras podía hallarse en el temor de la Inquisición al resurgimiento de movimientos como el de los alumbrados (secta mística perseguida por considerársele herética y con posible relación al luteranismo, o protestantismo).

Criterios del Índice.

El criterio del Índice para la prohibición de libros puede hallarse en su preámbulo, con correcciones y añadidos en ediciones posteriores. Fue el Índice de la Inquisición española el que se usó como modelo. Los criterios eran: los libros condenados por los papas o concilios anteriores a 1515; libros escritos por herejes, judíos o musulmanes cuyo objetivo sea atacar al catolicismo; traducciones de la Biblia en lengua vulgar; “las disputas y las controversias de carácter religiosos entre católicos y herejes, así como las refutaciones de Mahoma en la lengua vulgar” porque pueden dar una idea de las creencias de los infieles; libros de ciencias ocultas o de astrología predictiva; libros que utilizan la Biblia con fines profanos o los poemas que la interpretan de forma irrespetuosa o contraria a las enseñanzas de la Iglesia; las interpretaciones irrespetuosas de los santos o de los miembros de la jerarquía eclesiástica; los que contengan tesis contrarias a las sostenidas por la Iglesia; temas amorales que sólo buscan perturbar el espíritu y que van en contra de la decencia (novelas románticas, satíricas, obras de contenido pornográfico e incluso tragedias); e ideas revolucionarias que predicaran ideales de libertad, igualdad y justicia.

Quema de libros.

La quema de libros por parte de la Iglesia Católica tiene precedentes que datan del año 1490 con la quema de libros judíos en Toledo, y la de libros árabes encontrados en Granada en 1501.

La primera quema de libros del Índice tuvo lugar en una ceremonia en Valladolid en el 1558 en la que ardieron al menos 27 libros. Sin embargo hay registros que hablan de quemas en público de libros “heréticos” en el año 1552.

Desde finales del siglo XVI los libros incautados en librerías, bibliotecas o barcos llegados del exterior, eran enviados a la sede de los tribunales donde eran almacenados, y a veces a la biblioteca de El Escorial, la cual se creía, según un informe del año 1639, que poseía 932 libros prohibidos. Pero esto no quiere decir que la quema de libros hubiese desaparecido completamente: en Toledo, en el año 1634, por orden del Consejo de la Suprema Inquisición, ardieron en la hoguera muchos libros y documentos.

Resta decir que la mayor parte de los libros almacenados se perdieron, por lo que muchas de las obras acopiadas por la Inquisición desaparecieron completamente.

Libros y Autores Prohibidos.

El Índice contenía tanto nombres de autores cuyas obras estaban prohibidas en su totalidad, como es el caso de Thomas Hobbes, como obras aisladas de otros autores o anónimas, así como también un detallado repertorio de capítulos.

La lista incluyó todo tipo de autores: tanto literarios, filósofos y científicos o protocientíficos.

En el año 1948, tras la trigésima segunda edición, el Índice contenía aproximadamente 4.000 títulos censurados. Es muy difícil al día de hoy hacer una lista completa de los libros prohibidos por el Índice, ya que algunos desaparecieron en el tiempo por los motivos antes mencionados y otros tantos fueron prohibidos durante un tiempo y permitidos en otro, como es el caso de la novela anónima “La vida de Lazarillo de Tornes”. Otros libros no fueron prohibidos expresamente, pero su difusión y divulgación se vio reducida a un grupo de la población muy selecta, como es el caso de “El Banquete” de Platón; o no figuraban en él puesto que su lectura estaba prohibida ipso facto, como el caso de Karl Marx, Friedrich Nietzsche y Arthur Schopenhauer, u obras específicas como la de Max Stirner “El Único y su Propiedad” y “El Origen de las Especies” de Charles Darwin.

Algunos autores cuyas obras (todas o un importante número de ellas) fueron prohibidas:

Émile Zola, Honoré de Balzac, François Rabelais, René Descartes, Giordano Bruno, Thomas Hobbes, Galileo Galilei Linceo, Jean-Paul Sartre, Erasmo Róterdam, David Hume, entre tantos otros nombres que se perdieron en el tiempo.

Algunos libros que se podían encontrar en el Índice a lo largo de su existencia:

“Tratado Teológico-políticos” de Baruch Spinoza; “El contrato social” y “Emilio, o De la educación” de Jean-Jacques Rousseau; “Crítica a la razón pura” de Immanuel Kant; “Rojo y negro” de Stendhal; “Los miserables” de Víctor Hugo; “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano” de Edward Gibbon; “Diálogo de Mercurio y Carón” de Alfonso de Valdés; y, por supuesto, “Justine” y “Juliette” del Marqués de Sade.

Cómo afectó el Index nuestro presente y la censura en la actualidad.

Actualmente el I.L.P. no existe, pero sus efectos se sintieron por todo el globo y durante mucho tiempo, más allá del mundo católico. Durante muchos años, en lugares como Quebec (Canadá), España, Italia, Polonia y parte de Latinoamérica (territorios católicos) fue muy difícil encontrar copias de estos libros.

Aunque al día de hoy la censura previa es un acto prohibido a nivel constitucional en muchos países (como en Estados Unidos y Argentina) es imposible saber con total certeza hasta qué punto el Index intervino en el desarrollo humano actual, tanto a nivel social, científico e individual. Algunos versiones (muchas de ellas católicas) sostienen que el impacto del Santo Oficio ha sido exagerado y dramatizado por los detractores de la Iglesia, ya que insisten que en la práctica el Index era muy poco eficiente, dado que los había en muy reducido número, los encargados de las requisas eran poco instruidos y fáciles de engañar, y que les era virtualmente imposible controlar cada cargamento que entraba a los territorios católicos, tanto por mar como por tierra, sin contar los encargos personales que podía requerirse para así ingresar material literario prohibido.

Lo cierto es que la prohibición de material literario, en pleno siglo XXI, sigue siendo aún aplicada en algunos casos. Tomemos algunos ejemplos:

“Mein Kampf” o “Mi Lucha” de Adolf Hitler: hasta abril del 2015 el gobierno regional de Baviera, de acuerdo con el Gobierno Federal de Alemania, no permitía ninguna copia o impresión de este libro en Alemania, y se oponía a cualquier edición en otros países. En los Países Bajos su venta, aunque sea de un ejemplar antiguo, sigue siendo ilegal.

“Las Mil y una Noches”, anónimo: obra clásica prohibida en Egipto desde el proceso legal que se llevó a cabo en 2010 por considerarse que dañaba la decencia pública.

“Animal Farm” o“Rebelión en la Granja” de George Orwell: novela satírica publicada por primera vez en 1945. El libro no puede venderse en Cuba, está prohibido en Kenia (desde 1991), ha sido censurado en China desde su publicación y en los Emiratos Árabes desde el 2002.

“Los versos satánicos” de Salman Rushdie: novela publicada por primera vez en 1988, prohibida en más de 10 países (Egipto, Indonesia, Kenia, Pakistán, Senegal, Somalia, Tailandia, Singapur, Venezuela, Malasia, entre otros). En la  India se la vetó antes de que se publicara. El libro fue quemado como muestra de rechazo en países musulmanes llegando a publicarse una fatwa (pronunciamiento legal en el Islam) en 1989 (y que sigue vigente hasta hoy) en la que cualquier persona relacionada con la publicación sería ejecutada.

Y puede citarse muchos más ejemplos. Como se puede ver siempre se echa mano de las excusas utilizadas en el pasado, y que seguramente seguirán usándose (como los siempre presentes motivos morales), para censurar la literatura. Seguramente se podría caer en el error de pensar que dicha censura puede limitarse a países con gran peso de la religión (como vemos en países musulmanes), que se encuentran bajo regímenes dictatoriales, o con un pasado muy turbulento producto de ideas extremistas (como puede ser el ejemplo de los Países Bajos y Alemania), pero no es así. Al día de hoy se puede ver un intento, o fomento, de censura en todas partes, a una escala más reducida que en el pasado (por ahora), pero aún presente: Liberales (en el sentido económico de la palabra) fomentando la destrucción de libros de Marx, movimientos en contra de la educación sexual en las escuelas, colegios católicos que prohíben los libros de J.k. Rowling: “Harry Potter” por promover la brujería, la censura histórica por parte de la historia oficial (muy común en Latinoamérica) entre tantos ejemplos que abundan, pero que se hallan tan bien disfrazados y envueltos (muchas veces en nuestros propios ideales) que son difíciles de identificar.

Lo curioso de la prohibición es que se asumen dos cosas: o que sus lectores son, en mayor o menor grado, incapaces de tener una conciencia crítica y fácilmente influenciables (como ha demostrado la historia que puede suceder), lo cual nos hace preguntarnos sobre cuál es el rol que cumple el sistema educativo actual, si tal suposición es correcta; o que la realidad que se nos ha dibujado es tan frágil que el más mínimo soplo de razón, o sinrazón, la podría resquebrajar (y para perpetuar tal realidad sólo basta con hacer que la inmensa mayoría de la población deteste leer. Si es así, se ha hecho un buen trabajo).

Para finalizar me gustaría citar una frase del bioquímico y afamado escritor de ciencia ficción y divulgación científica, Isaac Asimov:

“Si el conocimiento puede crear problemas, no es con la ignorancia que podemos resolverlos”.

Author:
Un día del año 1993, en un pueblito del interior de Córdoba, Argentina, nacía G.D. Romero, un emprendedor polifacético y un defensor acérrimo de la autoeducación. Amante de la lectura y la filosofía, dos pasiones que lo llevaron a aventurarse en el mundillo de la escritura, aproximadamente en el año 2016, y que lo empujaron a escribir su primer libro: "Psicópata", perteneciente al género de ficción: horror, catalogado por él mismo como "Horror Psicológico". Hoy en día vive como viajero, recorriendo distintos lugares con su mochila mientras intenta adentrarse en el difícil mundo de la escritura remunerada. Además de la novela antes mencionada cuenta con otra inédita, una en proceso, y más de 40 cuentos cortos y microrrelatos (entre publicados e inéditos).